martes, 23 de abril de 2013

lunes, 22 de abril de 2013

CRITICA DE LA NACION SOBRE LA MALCRIADA




Para recordar a la entrañable Niní

Por Federico Irazábal  | Para LA NACION
La malcriada, ópera insolente /Dramaturga e intérprete: Verónica Díaz Benavente/ Escenografía: Babel Producciones/ Iluminación: Gastón Díaz/Vestuario: Ana Clara Uhrich/ Pianista: Damian RogerDIRECCION FENERAL RODRIGO CARDENAS / Sala: El Ópalo, Junín 380/ Funciones:domingos, a las 20/ Duración: 65 minutos.
Nuestra opinión: buena
Hubo alguien en la historia de nuestra cultura y de nuestras artes que supo como nadie mofarse de géneros artísticos y discursivos absolutamente convencionalizados. Y si bien las comparaciones son odiosas, esta vez se vuelve necesario hacerlo, ya que forma parte del placer que uno como espectador siente ante La malcriada . Una mujer sola en el escenario, estableciendo un diálogo imposible con un parten aire mortecino que la mira con cara de nada y una voz en audio que hace chistes a través de juegos de lenguaje. Si reconocieron en esta descripción a nuestra amada Niní Marshall están en lo cierto. Y la menciono porque Verónica Díaz Benavente, una soprano con dotes histriónicas increíbles, hace recordar a la creadora de Catita. En sus caras, en el uso de la máscara, en el modo de abordaje del humor.
No hay mucho para contar ni para decir del argumento, ya que es la parte más débil del espectáculo y hasta en un punto innecesario. Alcanza con saber que uno asistirá a una función parodiada y satirizada de un espectáculo operístico, en el que la soprano -acompañada de un pianista a cargo de un órgano electrónico irá recorriendo ciertas arias muy famosas - Carmen ,Madama Butterfly , entre muchísimas otras- al tiempo que desarrollará su performance. Al respecto hay que señalar la capacidad de juego de Díaz Benavente, ya que sin perder lo vocal logra hacer con su cuerpo algo que desestructura y desmonta a la soprano. Actriz y cantante lírica se conjugan en esta mujer de un modo muy singular, logrando su cima hacia el final del espectáculo en el que interpreta, según sus dichos, una selección de óperas francesas bajo la partitura musical de cumbia argentina, al tiempo que baila como si estuviera en un programa bailantero de sábado a la tarde.
Singular espectáculo para reírse desde que inicia hasta que termina, con una actriz y cantante que descuella en cada escena..

domingo, 21 de abril de 2013


martes, 16 de abril de 2013

vete de mi

martes, 9 de abril de 2013

PAGINA 12 9 de abril 2013


espectaculos
MARTES, 9 DE ABRIL DE 2013
TEATRO › VERONICA DIAZ BENAVENTE PRESENTA SU NUEVO ESPECTACULO LA MALCRIADA (OPERA INSOLENTE)








“El humor ilumina las zonas oscuras”

En este espectáculo que cruza música con carcajadas, la actriz y cantante lírica interpreta a una soprano con aires de diva, déspota, caprichosa y muy solitaria, dispuesta a dar un concierto junto a un pianista sobre el que descarga todas sus frustraciones.
 Por Carolina Prieto
Una mujer de negro asoma en un escenario oscuro. A medida que empieza a entonar un aria y clava los agudos, se encienden las lucecitas típicas de los árboles de Navidad que, en este caso, decoran su vestido. Más y más agudos y más lucecitas que parpadean al ritmo de la música hasta independizarse de ella y alocarse. En otro momento, la misma mujer se lanza a interpretar “La reina de la noche”, de La flauta mágica de Mozart, considerada el aria más exigente para una soprano con sus diabólicos Fa sobreagudos; y en cada Fa se arranca un mechón de pelo de su cabellera. Imágenes divertidas y delirantes que describen el tono de La malcriada (Opera insolente), nueva creación de la cantante lírica y actriz Verónica Díaz Benavente que puede verse los domingos a las 20.30 en El Opalo, Junín 380. No es la primera vez que la artista cruza música y humor. Antes lo hizo en Las tontas, un show a dúo con su colega y amiga Gimena Riestra, y luego en los unipersonales Oveja gris... no me dejaron ser negra y Mujeres que cantan. Siempre desplegando su virtuosismo vocal y un humor socarrón e irreverente que le permite mezclar géneros (de tangos y boleros a canciones españolas, zarzuelas y arias de ópera) y reírse de unos cuantos arquetipos.
En esta última creación, Díaz Benavente se concentra en el mundo de la ópera: la protagonista es una cantante con aires de diva, déspota, caprichosa y muy solitaria, dispuesta a dar un concierto junto a su pianista. Sus únicos interlocutores son el músico (sobre él descarga todas sus frustraciones) y una muñeca deformada que hará tanto de público como de su alter ego. Entre arias, monólogos e interacciones con el público, esta malcriada va tejiendo su mundo privado y revelando a pesar suyo sus zonas oscuras: la falta de compañía, la ausencia masculina, los temores, la exigencia, la intolerancia, los celos. Por un lado, ella exhibe una perfección vocal y técnica y, por otro, una vida afectiva que no alcanza el mismo virtuosismo, en un recorrido que pasea al espectador por distintas emociones: la risa desencajada, la compasión, la conmoción (cuando interpreta las arias de Madame Butterfly y de La flauta mágica), la aceptación, el hastío.
“Hace mucho tiempo que tengo ganas de hacer un espectáculo de humor enteramente dedicado a la ópera. Pero recién me atreví cuando me sentí muy segura a nivel musical. Me interesó abordar el tema del error, de la equivocación, del terror a equivocarse. Y llegué a este personaje que sostiene todo el tiempo una diva y, a pesar de ella, se le van viendo las hilachas porque ocurren cosas inesperadas”, comenta la intérprete en diálogo con Página/12. ¿Por qué tanto miedo al error? Según Díaz Benavente, la ópera es un género sumamente codificado, que encorseta al cantante al punto de no poder fallar en ningún momento, de tener que interpretar la partitura a la perfección. “El cantante está totalmente concentrado en la partitura, en las acrobacias vocales, en el aire, en la orquesta, en las dificultades del idioma, porque muchas veces cantás en ruso, alemán o francés... Todo se vuelve tan estresante que la interpretación queda para el final. Las coloraturas, las acrobacias vocales tienen una carga dramática que el intérprete tiene que conocer para que no resulte una pirotecnia al estilo Cirque du Soleil. Y muchas veces termina siendo eso: una pantomima”, desliza.
El director Rodrigo Cárdenas la acompaña en este trabajo. Y como él no viene del mundo de la lírica, logró que la actriz no diera por sentadas muchas cosas que para ella eran obvias, y que podrían dejar afuera a los espectadores no habituados al género. Así es como entre magníficas arias de La Traviata, Carmen y La flauta mágica, la protagonista exhibe una voz prodigiosa y va sacando sus trapitos al sol. Si en la interpretación vocal se muestra excelsa, su intimidad refleja unos cuantos claroscuros. “Cuando te subís a cantar esas óperas, esas arias, tenés que tener una fortaleza interna de venderle al público que vos estás ahí y sos una diosa griega, una esfinge. Son obras muy difíciles de cantar y tenés que creértela porque si dudás, cagaste”, agrega. Una perfección, una ausencia de fisuras que se opone a la naturaleza humana. Y da un ejemplo: “Maria Callas expresó esa contradicción; era la perfección cantando y, por otro lado, se hundió por un amor no correspondido. Era una mujer que había pasado por cosas muy terribles, incluida la Segunda Guerra Mundial, y que se derrumbó cuando Onassis la deja por Jackie Kennedy”.
En este caso, basta ver cómo el personaje trata a su pianista para entender algo de su soledad. Lo anula, lo ningunea, descubre sus intimidades: “Es como una especie de Mirtha Legrand inimputable, que dice lo que se le pasa por la cabeza. ¿Quién se la puede bancar?”, se pregunta Díaz Benavente. Pero su soledad tal vez se inició antes, en su infancia, con unos padres que la dejaron bastante sola en medio de la música. Y si a esta soledad reinante, la malcriada le suma una serie de temores cotidianos que van desde la calle y el colectivo hasta las bacterias y los virus del aire, suena lógico que su mundo se limite a la escena, donde intenta borrar todas las cosas que podrían ensuciar su genialidad. Pero fracasa. “Siento que en este espectáculo puse mucho de mí, que el personaje tiene muchas cosas mías –confiesa–. Ella quiere tener un megaespectáculo y se le va cayendo todo. Tal vez yo también sea un poco así: actúo, canto, me ocupo de mi hija, de mis alumnos, de mi casa, me pregunto si estaré criando bien a mi niña... Además, en una época tenía unos miedos tremendos en el escenario, hasta me desmayé del miedo a equivocarme, sentí pánico.”
Fueron años en que el temor desmedido le impedía florecer como artista. Hasta que se topó con un músico que daba un curso sobre el temor escénico. “El aseguraba que lo peor para un artista es desdoblarse: una parte interpreta algo (una canción, una obra de teatro), y la otra la mira desde afuera y la juzga. Toda la concentración tiene que estar puesta en la interpretación. Lo peor que podés hacer en ese momento es criticarte”, advierte. Desde su mirada, el cantante prepara en forma rigurosa la parte técnica de la interpretación, mientras que la parte emocional que entra en juego al subirse a un escenario, queda totalmente descuidada. Así fue como Díaz Benavente emprendió un camino personal: tomando conciencia de sus emociones y trabajando con ellas hasta bajar la presión y la autoexigencia. En ese momento comenzó a dar forma a sus propios espectáculos, combinando humor, teatro y canto. “La cosa cambió desde 2005 con Las tontas, la primera vez que abordé la música desde el humor. Ahí los miedos disminuyeron. Y hoy puedo sentir nervios antes de cantar una ópera, pero no más que eso. También aprendí que el público te perdona mucho más que lo que uno se perdona a sí mismo”, comenta esta mujer  criada en un ambiente teatral.
Su tatarabuelo fue uno de los precursores del circo criollo, su tía abuela era la actriz cómica Margarita Padín, su abuela la llevaba siempre al teatro, su tío fue el reconocido escenógrafo Saulo Benavente, y hasta el hermano de Cátulo Castillo integró su núcleo familiar. Con todo este bagaje a cuestas, Verónica intentó de todas formas la vía académica. Empezó a cursar Letras y le iba muy bien, pero sufría. Y decidió darle cauce a lo que mamó desde chica. Del coro del colegio pasó a estudiar canto lírico con Marisa Albano, Susana Cardonnet y César Tello, y a formarse como actriz junto a Juan Carlos Gené, Verónica Oddó, Raquel Sokolovicz y Martín Salazar. Empezó como vestuarista y escenógrafa hasta que Leonor Manso la escuchó cantar y la sumó al espectáculo La diosa. Al poco tiempo, la directora la volvió a convocar para una obra en el San Martín junto a Ingrid Pellicori y Juana Hidalgo. Sin darse cuenta, se fue metiendo en más proyectos teatrales. Pero donde mejor la pasa y da rienda suelta a sus delirios es en sus propias creaciones. Como en La malcriada, donde termina sola, sin pianista, y sigue adelante, cantando ópera sobre bases de cumbia. “El humor ayuda a que no te tomes las cosas tan en serio, a pasar de un estado a otro sin instalarte en una emoción en particular. Todos tenemos zonas oscuras, y creo que el arte y el humor ayudan a iluminarlas”, concluye la creadora.
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martes, 2 de abril de 2013

TIEMPO ARGENTINO NOTA


“Los artistas no tenemos que 

ser infalibles, pero sí verdaderos”

Esta cantante soprano y actriz estrenará la semana que viene su espectáculo La malcriada, que define como "una ópera insolente, un unipersonal teatral, musical y humorístico". Su visión sobre el mundo del canto lírico.
Había dos opciones: vivir oprimida por las exigencias propias del universo lírico o reírse de todo eso. Verónica Díaz Benavente supo recurrir al humor. “La malcriada es un espectáculo que reflexiona acerca del error como el fantasma más temido de los músicos”, define sobre su ópera insolente, un unipersonal teatral,  musical y además humorístico.
Por su historial como soprano, Díaz Benavente descubrió que la imposición del "deber ser" coarta muchas veces el proceso de creación y dispara sentimientos que opacan al artista. "El cantante de ópera tiene esa complicación que se presenta al tener que estar muy ceñido a la partitura. Esas exigencias musicales y vocales lo llevan a dejar en último lugar el personaje que está interpretado y a veces se termina sufriendo en busca de la perfección, entonces te convertís en un intérprete correcto más que en un artista que dice cosas."
La ironía fue el antídoto para no terminar "presos del miedo a la equivocación", que según sostiene Díaz Benavente produce artistas desprovistos de interpretación. "Hoy se valoriza mucho la perfección sobre el escenario. Para un director de orquesta es mucho más fácil tener un cantante correcto que sabe que no le complica la existencia musicalmente, entonces los cantantes muy exquisitos musicalmente corren con esa ventaja, pero como espectadora me pasa que veo que hay muchos cantantes que son muy correctos pero que no expresan lo que ellos piensan del personaje que interpretan y terminan siendo una pantomima teatral. Los veo a veces vacíos de interpretación y no quiero que me pase." 
La mejor manera de evitarlo fue volcar todo esto sobre el escenario. “La malcriada muestra la vida de una cantante de ópera a la que en el medio de su espectáculo le empiezan a pasar cosas impensadas, falla el pianista, falla la técnica o falla ella, se le empiezan a ver las hilachas del ser humano que hay detrás de ese artista. Habla del arte y la búsqueda de la perfección y habla de que en realidad todos los artistas llevamos un ser falible adentro con vulnerabilidades, miedos, fracasos, amores y desamores. Los artistas no tenemos por qué ser infalibles. Lo que tenemos es la obligación de ser verdaderos. El humor lo que tiene es que exorciza los miedos. Puedo hacer humor con la ópera porque conozco el género y lo interpreto. No soy de esas personas que se suben a hacer humor porque no pueden con el género." 
Opuesta al status de que en escena "el artista de ópera aparezca como un semidios", la cantante y actriz concluye: "la opera no es un género de culto, se convirtió en eso porque la quisieron mostrar como de élite, de gente que luego va a la rural, pero no es eso, de hecho Verdi fue una figura muy popular. La ópera es un genero popular que se mal entendió, quizás porque no supo adoptarse a los tiempos."  «

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