martes, 2 de abril de 2013

TIEMPO ARGENTINO NOTA


“Los artistas no tenemos que 

ser infalibles, pero sí verdaderos”

Esta cantante soprano y actriz estrenará la semana que viene su espectáculo La malcriada, que define como "una ópera insolente, un unipersonal teatral, musical y humorístico". Su visión sobre el mundo del canto lírico.
Había dos opciones: vivir oprimida por las exigencias propias del universo lírico o reírse de todo eso. Verónica Díaz Benavente supo recurrir al humor. “La malcriada es un espectáculo que reflexiona acerca del error como el fantasma más temido de los músicos”, define sobre su ópera insolente, un unipersonal teatral,  musical y además humorístico.
Por su historial como soprano, Díaz Benavente descubrió que la imposición del "deber ser" coarta muchas veces el proceso de creación y dispara sentimientos que opacan al artista. "El cantante de ópera tiene esa complicación que se presenta al tener que estar muy ceñido a la partitura. Esas exigencias musicales y vocales lo llevan a dejar en último lugar el personaje que está interpretado y a veces se termina sufriendo en busca de la perfección, entonces te convertís en un intérprete correcto más que en un artista que dice cosas."
La ironía fue el antídoto para no terminar "presos del miedo a la equivocación", que según sostiene Díaz Benavente produce artistas desprovistos de interpretación. "Hoy se valoriza mucho la perfección sobre el escenario. Para un director de orquesta es mucho más fácil tener un cantante correcto que sabe que no le complica la existencia musicalmente, entonces los cantantes muy exquisitos musicalmente corren con esa ventaja, pero como espectadora me pasa que veo que hay muchos cantantes que son muy correctos pero que no expresan lo que ellos piensan del personaje que interpretan y terminan siendo una pantomima teatral. Los veo a veces vacíos de interpretación y no quiero que me pase." 
La mejor manera de evitarlo fue volcar todo esto sobre el escenario. “La malcriada muestra la vida de una cantante de ópera a la que en el medio de su espectáculo le empiezan a pasar cosas impensadas, falla el pianista, falla la técnica o falla ella, se le empiezan a ver las hilachas del ser humano que hay detrás de ese artista. Habla del arte y la búsqueda de la perfección y habla de que en realidad todos los artistas llevamos un ser falible adentro con vulnerabilidades, miedos, fracasos, amores y desamores. Los artistas no tenemos por qué ser infalibles. Lo que tenemos es la obligación de ser verdaderos. El humor lo que tiene es que exorciza los miedos. Puedo hacer humor con la ópera porque conozco el género y lo interpreto. No soy de esas personas que se suben a hacer humor porque no pueden con el género." 
Opuesta al status de que en escena "el artista de ópera aparezca como un semidios", la cantante y actriz concluye: "la opera no es un género de culto, se convirtió en eso porque la quisieron mostrar como de élite, de gente que luego va a la rural, pero no es eso, de hecho Verdi fue una figura muy popular. La ópera es un genero popular que se mal entendió, quizás porque no supo adoptarse a los tiempos."  «

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