lunes, 25 de marzo de 2013

LA MALCRIADA SE PRESENTARA EN EL OPALO



“La Malcriada, ópera insolente


“La "ópera" es la caricatura de un espectáculo magnifico, cuya idea bosqueja”

                            La Bruyère




Una noche distinta, liberada, atrevida. Un espectáculo interpretado porVerónica Díaz Benavente, quien desnaturaliza la idea original de que la ópera, solo, forma parte de la tradición de la música clásica europea.

El “sentido común” está arraigado según los mandatos de nuestros antepasados, quienes ejercen indirectamente una influencia inconciente sobre las costumbres y los pensamientos. A partir, del quiebre de una obviedad impuesta, es el nacimiento de un nuevo paradigma, el “desnaturalizar lo obvio” abre el horizonte para pensar otros matices posibles.
Esto es lo que muestra el unipersonal humorístico y musical “La Malcriada, Ópera Insolente”, porque logra producir esa ruptura necesaria para presentarnos una unión pocas veces vista, como es el género operístico acompañado por un humor sarcástico y perspicaz, a la vez.

La actriz, cantante, docente y autora de ésta pieza, Verónica DíazBenavente, despliega ampliamente sus dotes musicales y actorales, logrando despertar continuas sonrisas, ya que todos, quedamos atrapados ante la seriedad de la canción lírica chocándose con  escenas clawnescas y populares.
Aprovechando ésta dualidad, su personaje Idelva del Mar, saca a la luz sus miedos, sus dolores, sus equívocos y sus recuerdos, en un contexto alejado de la normalidad pero cercano a la realidad del ser humano.

Se destaca la increíble voz de La Benavente, sus disímiles tonos musicales y su apasionada interpretación demuestran que es una excelente profesional de la canción lírica. Por supuesto, que Damián Roger, su músico en acción, sobresale a la par, por su talento y su compromiso artístico. 
El director, el actor y dramaturgo, Rodrigo Cárdenas, muy acertadamente, acompaña y apuesta a ésta originalidad teatral. 
Todo el equipo técnico, realiza una gran labor para que ésta puesta en escena brille en creatividad.

                                                    Estela Gómez
                                                     
 Teatro Moliere, Balcarce 682

Ficha técnico artístico

Autoría: LA BENAVENTE
Intérpretes: LA BENAVENTE
Músicos: Damián Roger
Voz en Off: Rodrigo Cárdenas, Paula Casabona, Valentina Díaz, Jorge Luis Rabuffetti
Vestuario: Ana Clara Uhrich
Escenografía: Babel Producciones
Iluminación: Gastón Díaz Berrios
Realización de muñecos: Verónica Grau
Fotografía: Fernando Niemevz
Diseño gráfico: Mery Vanborder
Asistencia de dirección: Fernando Gaba Theuler
Prensa: Silvina Pizarro
Dirección: Rodrigo Cárdenas

SALA EL ÓPALO: Junín 380 Capital Federal.
Entrada: $ 70,00 - Domingo - 20:00 hs - Desde el 07/04/2013

lunes, 18 de marzo de 2013

Las "Mal-" en escena
Por Estela Telerman.
Una ópera compuesta en 1935 por Manuel Penella (1880-1939) sobre la obra teatral de Jacinto Benavente (1866-1954) llevó el título de “La Malquerida”. “La Maldolida” fue una graciosa operita creada en 1987 por nuestra compositora Irma Urteaga. El humor musical no exento de profundidad psicológica se enriquece con el unipersonal “La Malcriada – Opera insolente ”, de la autora y cantante Verónica Díaz Benavente (¿será descendiente del dramaturgo español?). El espectáculo se está presentando en la ciudad de Buenos Aires los viernes 8, 15 y 22 de marzo a las 20.30 hs., en la simpática y acogedora sala del Teatro Molière, en Balcarce 682.

Además de profundos conocimientos musicales, virtuosismo artístico, ingenio y creatividad, los espectáculos de música-humor son un género de larga data, con destacados exponentes como los multitudinarios festivales londinenses de Gerard Hoffnung (1925-1959) y las obras del ficticio compositor P.D.K. Bach “descubiertas” por el norteamericano Peter Shickele (1935). En nuestro medio, el máximo exponente local es el conjunto Les Luthiers originado en I Musicisti): Pero el género tiene sólidos antecedentes en los espectáculos que presentaban allá lejos en el tiempo la soprano Ana María Osorio, el barítono Eduardo Cogorno, el violista Tomás Tichauer y la pianista Mónica Cosachov en el recordado Café Mozart.
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Florence Foster Jenkins (1868-1944) fue una excéntrica soprano estadounidense que se hizo famosa por su completa falta de habilidad musical. Su tragicómica historia inspiró diversas obras teatrales a ‘Viva la diva’ (2001) de Chris Ballance (1951),”Glorious” (2005) de Peter Quilter y “Souvenir”(20015) de Stephen Temperley (1949), magistralmente interpretada en Buenos Aires por la talentosísima Karina K con el bailarín, coreógrafo, músico y guionista de cine Pablo Rottemberg al piano.

Dentro de esta línea del unipersonal de la cantante acompañada de un pianista se inscribe ” La Malcriada – Opera insolente ” en que Verónica Díaz Benavente se atreve con una caricatura de los avatares de una cantante lírica a través de una selección de las más famosas arias del repertorio lírico universal. De ello sale más que airosa. Cuenta para ello con el apoyo de Damián Roger, que aporta su experiencia como pianista acompañante en las cátedras de canto del IUNA y en el Instituto Superior del Teatro Colón. Todo ello, bajo la batuta del multifacético dramaturgo, autor y director Rodrigo Cárdenas.

A partir del 7 de abril, el espectáculo continuará los domingos, a las 20 hs., en El Ópalo, Junín 380, CABA.

critica de la malcriada POR ALFRED HOPKINS


"La Malcriada," espectáculo insólito de canto y teatro de Verónica Díaz Benavente

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Ya no se escucha el chasquido de los vasos en el teatro concert Moliére, los espectadores han apagado sus teléfonos y se acomodan en sus sillas. En el escenario el pianista toca una pieza ligera, bañado en luz azul. Una voz en off anticipa al espectador que algo insólito espera detrás de las bambalinas. Aparece Verónica Díaz Benavente, en toda su gloria y de un humor insolente: canta con su enorme y bella voz, insertada en un vestido iluminado con luces de navidad.
“La Malcriada, Opera Insolente,” espectáculo escrito y protagonizado por Verónica Díaz Benavente, peregrina, humor mordaz mediante y con teatralizaciones intermitentes el mundo lírico de la cantante, desafiando con su cuerpo activo y expresivo el estereotipo duro de los cantantes operísticos. Trabaja las más reconocidas arias de ópera desde Tosca, Traviata, Flauta Mágica, Opera Francesa, Carmen hasta Madam Butterfly, interponiendo en algunas un toque de cumbia.
La protagonista se llama Idelva del Mar. Prepara un concierto para un público poco acostumbrado a su estilo y mientras va de aria en aria ocurren cosas no esperadas, los errores o rabias que pueden suceder a cualquier ser humano. Se corta, grita, se dirige furiosa al pianista exquisito Damian Roger, se interrumpe para hacer un comentario propio, desaparece detrás de las bambalinas…En medio de su desquicio con el pianista, con el iluminador van apareciendo lucecitas de su infancia, sus equivocaciones, sus desventuras, sus secretos, los hombres, todo para salir del corseé común del cantante lírico. Su amplia experiencia en teatro hace posible entrar y salir entre una situación y otra con gran soltura.
Sorprende con su frescura insólita y audaz, deslumbra con el caudal impresionante de su voz y provoca diversión o piel de gallina en los espectadores.

una bella nota de ALFRED HOPKINS



Verónica Díaz Benavente, cantante y actriz: "La equivocación, el error es un fantasma que aterroriza al músico..."

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        Cuando nadie sabía de escenarios los artistas cantaban, bailaban y empleaban sus cuerpos como instrumentos expresivos. Como en un vino añejo uno nota algo de esta herencia en el espectáculo “La malcriada,” una ópera insólita escrita y dirigida por  Verónica Díaz Benavente. Jaquematepress se acercó a ella para charlar sobre su fiesta escénica y su manera de entender el trabajo artístico.
En contraste franca con el estereotipo de los cantantes líricos, usted parece emplear el cuerpo como un instrumento expresivo para acompañar a la voz. ¿Se debe a su formación en teatro y clown?
             La tarea del cantante de ópera a veces es un tanto ingrata en relación a los frentes que debe cubrir con mucha exigencia. Por un lado la ópera es música teatralizada y la partitura es el mapa fundamental en el que un cantante debe pararse. A veces como intérprete uno está muy ceñido a grandes acrobacias vocales que requieren de mucha concentración, a una orquesta que está haciendo música con uno, un director, un coro, un director escénico que hace lo que puede para no entorpecer el devenir musical. Todo esto muchas veces va en desmedro de la composición del personaje y el cantante termina  haciendo una parodia de actuación  pantomímica muy poco creíble. La interpretación resulta perfecta musicalmente pero vacía de compromiso actoral. Yo me encapriché, en que esto no me suceda, al menos en este tipo de espectáculos. Intento decir más allá de lo que canto. Decir algo más. OPINAR. Para mí movimiento y música no van por carriles diferentes. Una cosa lleva a la otra.  El humor es una manera de opinar acerca de la interpretación del cantante de ópera. Pero el humor no es algo que uno pueda imponerse. Es algo que sucede... que viene solo.
¿Qué influencia ha tenido su formación teatral en su carrera como cantante?
          Mi formación actoral influyó totalmente en mi carrera de cantante y mi formación musical también influyó en mi carrera actoral. La música me hace pensar las cosas desde la lógica de una partitura, tiempo en movimiento y con la disciplina que te da la formación musical. Y la actriz que está dentro de mí intenta que la cantante no mienta. Que le imprima la mayor verdad posible al rol que está interpretando.
¿Cómo fue para usted la escritura de “la malcriada?”
           No hubo una escritura lineal. Fue un proceso. Recién ahora me doy cuenta de que esta obra viene dando vueltas en mi cabeza hace años. Yo no me considero una dramaturga porque no soy una contadora de historias sino que lo que resulta es la descripción de un personaje disparatado. Todo fue parte de cosas que me fueron sucediendo desde que me dedico a cantar. Hasta hace años me sentía disociada, por un lado estaba la cantante, por otro una actriz que quería salir y por otro una artista que quería decir algo más. De todo esto y con la ayuda del director Rodrigo Cárdenas fue naciendo esta obra. Hago referencia al director porque él es un hombre de teatro y no de ópera y eso aportó muchísimo. Le dio una mirada mucho más completa en dónde no estaban los sobreentendidos y lugares comunes de alguien que pertenece al lenguaje de la ópera. Vino a ejercer como un rol de abogado del diablo.
 ¡En qué se basó para armar la historia? Por momentos se nota algo de Brecht en los rápidos recambios y cuando la cantante se transforma en narradora y establece un diálogo franco con el público...
            Me basé en mis propias ridiculeces de artista disociado y preocupado por no equivocarse. La equivocación, el error es un fantasma que  aterroriza al músico de tal manera que terminamos convirtiéndonos en maquinitas que interpretan perfectamente pero encorsetadas, aterrorizadas, pensando que el público nos va a comer, sufrimos, nos torturamos.  Todo eso me llevó a reflexionar si estamos haciendo arte. ¿Dónde queda el artista detrás de ese ser aterrorizado esperando que el público se lo coma crudo como los leones en un circo romano?
            En cuanto al diálogo con el público, distanciamiento y los recambios... no me los propuse. Hay un planteo desde la dirección que me ayuda a sentirme muy contenida y jugar libremente pero sin irme para cualquier lado. Lo que creo es que el humor siempre obliga al público a tener un rol menos pasivo... Es un cómplice. Esa es una de las bases del clown. El clown es querible porque constantemente le está haciendo guiños a un público que lo termina de cerrar como personaje. El clown no saca conclusiones... el se muestra ingenuamente y la gente se ocupa de darle identidad a la criatura. La malcriada como personaje es un ser que no se cuestiona a sí misma, se piensa diva pero a medida que transcurre este concierto que está dando se le van viendo las hilachas de persona llena de agujeros como cualquiera.
 Los enojos del personaje con el pianista, el iluminador y consigo mismo, como así también su humor insólito construyen un mundo cómico pero al mismo tiempo parecen plantear cuestionamientos vínculos al teatro y la opera. ¿Es así?
Absolutamente... El personaje intenta sacarse la responsabilidad de encima. Ella JAMAS  ASUME la culpa de lo que sale mal pero sí se lleva los laureles de lo que sale bien. Ella quiera dar un gran concierto, pero este engranaje está formado por humanos que se equivocan y pasan cosas que ella no espera que sucedan. la equivocación está prohibida en la ópera. Y YO QUIERO SACAR VENTAJA DE ESA EQUIVOCACIÓN El humor me facilita las cosas. Es más fácil decir algunas cosas desde el humor. El enojo le sirve al personaje para decir YO NO FUI LA QUE ME EQUIVOQUÉ
Su relación con el público es muy cálida. ¿Cómo evalúa el espectáculo en relación con lo que planteaba al escribir y montarlo?
Creo que la calidez nace de mostrar mis vulnerabilidades. Todos tenemos debilidades, temores, errores. El público agradece cuando ve que el artista es un ser de carne y hueso al que le pasan cosas como a todos. Más allá del virtuosismo que uno pueda tener Y QUE ES FESTEJADO , no deja de ser una persona que tiene miedos, tristezas, equivocaciones. En cuanto a la evaluación... trato de no sacar conclusiones... intento disfrutar de poder estar DICIENDO COSAS. Encontrando de a poco mi propio lenguaje  como artista y si la gente lo valora y la pasa bien seré muy feliz.
“La Malcriada” viernes 20:30 horas, Balcarce 682, CABA

domingo, 17 de marzo de 2013

crítica de LA MALCRIADA POR NATALIA GAUNA


A partir del 7 de abril, todos los domingos a las 20 hs. en  la Sala El Ópalo, Junín 380// Entrada $70.-


La malcriada, es un espectáculo de difícil definición imposible de encasillar en un género. Comedia, stand-up, ópera y hasta con ciertos tintes de drama, este espectáculo resulta interesante para un público que ríe de principio a fin con una Veronica Diaz Benavente, la protagonista que demuestra todo su talento.

El humor funciona o no. Explicar por qué algo provoca risa resulta una quimera. Así también, un chiste resulta gracioso sin demasiada lógica. Nunca sabemos bien por qué nos reímos de lo que nos reímos. A pesar de las complicaciones para la comprensión del humor, un factor indiscutido es el contexto en el que se genera el episodio gracioso o en el que se cuenta el chiste. En un ambiente en el que todos se ríen, es probable que el resto termine contagiándose del jolgorio. El café concert –inspiración del stand up- construye la clave humorística en el contexto. El público se distribuía en pequeñas mesas en las que comían y venían hasta comenzar el espectáculo. El artista monologaba respecto de una temática que atravesaba la obra pero que, a su vez, disparaba otros tópicos de interpelación al público. Siempre, y aquí radica la intención manifiesta del monologuista, en busca de la identificación porque aquello que a él le sucede es también lo que le sucede a los espectadores. De esta manera, la risa es el humor consumado, la representación del éxito. Bajo esta misma lógica, el espectáculo protagonizado por Veronica Díaz Benavente se ancla en el escenario del teatro Moliere. Sorpresivamente, funciona en todo momento porque el público nunca deja de reír.

La malcriada es la historia de una cantante de ópera en decadencia. Dice ser una estrella, pero lo cierto es que su presencia dista mucho de aquello. Situada en el transcurrir de un concierto, la protagonista oscila entre la interpretación de grandes obras de la música clásica y la conversación con el público sobre su infancia, la relación con sus padres –en especial, con su madre un tanto castradora-, su visión de los hombres y los temores de la vida moderna. En este devenir de pasajes que contemplan un sinfín de espacios y tiempos superpuestos, es difícil unificar el argumento de la historia. A favor es que cada bloque funciona por si mismo, unos mejor que otros. En contra, la imposibilidad de encontrar la razón madre de este espectáculo.

Veronica Diaz Benavente, es actriz, cantante y creadora de su propio espectáculo bajo la dirección de Rodrigo Cárdenas. Habiendo formado parte del elenco del Teatro Municipal General San Martin y con una clara vocación, esta artista multifacética despliega todo su talento en cada ópera que interpreta erizándole la piel a los espectadores. El momento álgido de su expresión vocal lo logra en la excelente interpretación de La reina de la noche de ópera La Flauta Mágica de W. A. Mozart. Todo esto posible también gracias al talento del pianista,  Damián Roger que con maestría acompaña a la cantante.

Por otra parte, Benavente demuestra su histrionismo con su rol de cómica. Divierte cuando monologa sobre las frases evasivas que odian las mujeres de los hombres (“no tenía señal, no tenía crédito, no escuché cuando me llamaste, no te podía atender, etc.”) o cuando alude a los miedos e impresiones que le provocan ciertas situaciones cotidianas como la de viajar en colectivo. Si bien, estos pasajes divierten, por momentos cae en la tentación de explicar el chiste lo cual termina por negarlo.

Esta conjunción entre la ópera y la comedia resulta un espectáculo original, muy pocas veces visto en el teatro porteño. Apuesta a lo bizarro como estética para potenciar cada uno de los géneros históricamente distantes, opuestos en tanto la comedia se supone popular y la ópera de espíritu elevado. Con La Malcriada, esta dicotomía se supera. Este es el aspecto mejor logrado del espectáculo y por lo cual vale la pena ir a verlo. La diversión está asegurada, las carcajadas de los espectadores no pueden discutirse

martes, 5 de marzo de 2013

Ambito Financiero Nota: Margarita Pollini


Díaz Benavente: "A veces la risa libera al artista" (entrevista en 


Ámbito Financiero de hoy)


de Margarita Pollini, el jueves, 7 de marzo de 2013 a la(s) 7:58 ·
Por Margarita Pollini


Desde mañana, la cantante lírica y actriz Verónica Díaz Benavente presentará en el Teatro Molière (Balcarce 682) el espectáculo escrito y protagonizado por ella"La malcriada: ópera insolente", con dirección de Rodrigo Cárdenas. Habrá más funciones los viernes 15 y 22 en ese espacio, y a partir del 7 de abril todos los domingos en la sala El Ópalo (Junín 380). Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cómo definiría "La malcriada"?

Verónica Díaz Benavente: Es un espectáculo de humor y de música sostenido básicamente en el género lírico. Hice anteriormente otros espectáculos similares, pero con tangos, boleros y ópera; éste decidí dedicarlo completamente a la ópera porque reflexiona sobre algunas cosas que nos pasan a los músicos y que me vienen sucediendo, en lo personal, en mi tránsito por este género. La idea es reflexionar sobre la equivocación o lo inesperado en la música. 

P.: ¿De qué manera está estructurado?

V.D.B.: La protagonista es una cantante, Idelva del Mar, prepara un concierto para un público que es un poco cómplice de este divismo que ella quiere exhibir, y con el correr de las arias van ocurriendo cosas que ella no quiere que ocurran, y se le van viendo esas hilachas de lo falible que es cualquier ser humano. Ella va entrando en un desquicio en el que se enoja con el pianista, con el iluminador, porque por supuesto la culpa nunca será de ella, y van cayendo las cáscaras y se va viendo su infancia, sus problemas familiares, la relación con su niñera, con la música, los hombres, es decir, todo lo que ella no quiere revelar. El humor es lo que no esperamos, la sorpresa, pero en la música no está permitido el error, lo inesperado; si ocurre es una tragedia. Me propuse hacer humor con eso para distenderme de ese factor, de la esclavitud que en cierta medida sufre el cantante de ópera por la orquesta, por la partitura, etcétera, y muy lejos viene aquello que puede llegar a pensar hacer, si es que lo piensa, acerca del personaje que está componiendo.

P.: ¿Su vocación por el teatro y su amor por la ópera siempre fueron en paralelo?

V.D.B.: Si bien tuve una formación musical y estaba empeñada en ser cantante, y de hecho lo soy, el teatro viene en mí desde antes de nacer porque soy la sexta generación de gente de teatro en mi familia. Yo quería ser cantante porque era un poco más "serio", pero en este emperramiento por cantar, en tomar clases durante muchos años, concursar, audicionar, siempre está eso que quiero decir y que tal vez no puedo hacerlo cuando estoy arriba de un escenario. El humor es algo que me sale naturalmente. Hice mucho clown, me formé en teatro, y un día Leonor Manso me escuchó me llamó para que cantara en una obra de teatro, una cosa fue llevando a la otra, y entrar al teatro fue volver a mi casa. Es una gran escuela ser dirigida por gente así.

P.: ¿Puede entender el espectáculo una persona que no tenga costumbre de ver y escuchar ópera?

V.D.B.: Mucha gente que no es habitué se ríe mucho en mis espectáculos. La ópera no es un género de culto, le llega a cualquiera, es popular: por algo en publicidad se usa tanto, porque es algo que toca las fibras más sensibles. Si el que hace ópera apunta a lo elitista se fagocita a sí mismo y a la larga se quedará sin público. Aquí canto las arias emblemáticas de un recital de diva ("Sempre libera", el aria de la muñeca de "Cuentos de Hoffmann", la de la Reina de la Noche, "Vissi d arte", etcétera) y también unas fusiones que vengo haciendo de cumbia con ópera. Pero no en una postura rupturista, no soy una rebelde que quiere romper todo y que Cacho Castaña cante en el Colón: no tengo ningún problema con él, pero el Colón es un teatro de ópera. Cuando ensayo con Damián Roger, el pianista, las arias tienen que salir bien. 

P.: La crítica la comparó con Nathalie Choquette, la cantante lírica que parodia la ópera. ¿Se siente identificada con ella?

V.D.B.: Lo que yo hago es muy distinto porque escribo mis espectáculos y hablo mucho sobre el escenario, pero algo de eso hay. Yo hago giros humorísticos porque pienso estar cantándolo bien, el objetivo no es quedarse a mitad de camino. En un pre-estreno que hice de esta obra, una abonada del Colón de muchos años me dijo: "Nena, vos cantás muy bien, no necesitás hacerte la graciosa". Y sentí que con esa frase me estaba autorizando , me sentí elogiada, aunque tuve ganas de contestarle: "No hay nada más lindo que escuchar la risa del público".
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