domingo, 27 de octubre de 2013

lunes, 7 de octubre de 2013

PREMIO LUISA VEHIL

COMPARTIDO CON CRISTINA BANEGAS, MARILÚ MARINI, PATRICIA PALMER,JULIA CALVO, MARÍA ROSA FREGA ENTRE OTRAS

jueves, 3 de octubre de 2013

PREMIOS LUISA VEHIL

VERONICA DIAZ BENAVENTE
NOMINADA COMO MEJOR ACTRIZ POR LA MALCRIADA

domingo, 29 de septiembre de 2013

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jueves, 26 de septiembre de 2013

el espectador crítico LA EXTRAVIADA



Categoría: COMEDIA CON MÚSICA

Crítica de La Extraviada

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (El Portón de Sánchez).

Calificación: 8/10 





El punto fuerte de la obra: la fantástica dramaturgia de Alejandro Viola
Por supuesto, Viola (también el director) no podría haber logrado un resultado 
tan bueno si no se hubiera rodeado de un elenco perfecto para el relato que
quería contar. 

Alicia Muxo es una Olga brillante
Tanto ella como su compañera Vivian El Jaber (Zulema) tienen un genial timing,
Roberto Romano (Rodolfo), Ariel Gangemi (Marcelo) y Alejandra Ríos (Graciela) 
también se destacan, 
Una idea interesante de Viola fue la inclusión de una cantante lírica
 (Verónica Díaz Benavente, que muestra técnica y expresividad vocal).
trata la interacción del lenguaje musical dentro del teatral, y viceversa
Principalmente, los momentos de canto lírico son una buena decisión para crear
 un clima, oscureciendo el relato. Funcionan para el espectador como la caída 
de las tijeras para Olga: como un augurio. Sobre todo, porque son evocaciones
 que los personajes hacen en su mente

crítica de LA EXTRAVIADA Por Fernanda García Arroyo

http://www.asalallenaonline.com.ar/teatro/criticas/5351-la-extraviada.html

Extraviada entre telas
En 1853 se estrenaba en Paris La Traviata, una de las óperas más exitosas en la historia. 160 años después, llega a la Ciudad de Buenos Aires, en su reestreno, La Extraviada; una obra que poco tiene que ver con la historia original, que se basa en la ópera para mostrar las internas de dos vestuaristas y hacer reir sin parar al público.
Mientras que en el escenario se escuchan los acordes de la sublime música de Giuseppe Verdi, en los talleres de vestuarios se dan dos disputas distintas: el puesto de jefa y, por sobre todas las cosas, el amor de un hombre.
Olga (Muxo) y Zulema (El Jaber) no dan abasto con los vestuarios de la ópera que se dará en el teatro estatal. Junto a sus asistentes cocerán día y noche en medio de las paritarias y nombramiento de jefa de vestuario. El ego y la competencia entre ellas dos generarán diálogos desopilantes. Lo mismo sucede con las intervenciones de Gangemi y Ríos, cuyos personajes son funcionales a la lucha entre las vestuaristas principales. Por su parte, Rodolfo (Romano) genera grandes momentos cuando aparece en el taller e interactúa con el resto del elenco.
Una excelente dramaturgia acompañada de excelentes actuaciones. Los intérpretes se apoderaron del guión para convertirlo en propio. Cada escena fluye y los tiempos son claros. Cada personaje tiene su propio sello, y cada uno se hace querible por una razón diferente.
Uno se estremece en cada aparición de Verónica Díaz Benavente. Desde ese espejo que refleja su espalda, su vestuario que la convierte en un ser único, hasta su interpretación e impresionante voz hacen que la obra tenga un giro dramático que acompaña los sentimientos y frustraciones de Olga.
La música está detalladamente seleccionada. Por supuesto, son todas extracciones de La Traviatay adaptadas para la comedia. La escenografía sitúa a los personajes realmente en un taller de vestuario: maquina de cocer, maniquíes, mesas, metros, telas y percheros con vestuario de distintas obras. La iluminación es simple pero correcta, se lleva el protagonismo en los momentos en que la cantante lírica aparece en escena.
Una historia tensa, hasta dramática, llevada adelante a través de la comedia y de la mano de personajes únicos y empáticos.  La Extraviada es una obra completa, ideal para terminar la semana de la mejor forma.

viernes, 13 de septiembre de 2013

sábado, 17 de agosto de 2013

LA MALCRIADA (OPERA INSOLENTE) Perla Zayas de Lima (para telondefondo. Revista de teoría y crítica teatral de la universidad de Buenos Aires)



Esta obra,  nominada a los ACE 2013 como mejor espectáculo de Café Concert, se reestrenó en agosto en  El Ópalo, sala inaugurada en abril del corriente año. Es este el primer  acierto: la elección de un pequeño espacio, pertinentemente equipado, que permite adecuada visión y audición por parte del público y la intimidad y contacto  que exige el género.  Precisamente este espacio optimiza  el despliegue de los escasos pero significativos objetos con los que la cantante entra en verdadero diálogo y el sentido envolvente de los textos en off. La malcriada  “opera insolente” ofrece interesante facetas para su análisis, sobre todo  en lo que se refiere al cruce de lenguajes y géneros, la elaboración de su guión-partitura, su calidad de  “arte-facto” y el excelente montaje.
La protagonista transita entre la transgresión y el perfecto dominio de los códigos del género operístico, una propuesta de música y humor que, en nuestro país, encuentra antecedentes en Miguel  Ángel  Rondano, quien en la tradición de humor dadá proponía una humorada sobre las óperas tradicionales, en el colectivo Les Luthiers para quienes la relación “entre la música y el humor tiene en la palabra su punto de  inflexión”[1]  y  Hugo  Varela,  quien “crea un lenguaje tan propio como sus instrumentos y genera asociaciones fónicas y sémicas”[2] . El humor  que propone  Díaz  Benavente opera con juego de apalabras, un permanente triángulo de miradas cómplices entre la cantante/actriz, el público y Damián Roger, el silencioso pianista acompañante, víctima de los arrebatos de la diva, los gags (el vestido que se ilumina como un árbol navideño al ritmo de la música, o el escote que explota y elimina los senos prominentes), la intertextualidad paródica de lenguajes versales, sonoros y gestuales. La dosis de desenfado, que le otorga potencia humorística certera (uno puede imaginarla como protagonista de la ópera buffa y los  divertidos intermezzi dramáticos  italianos como La  Serva  Padrona, de Pergolesi), convive con materiales operísticos que conforman una verdadera de lección de “estilos” de canonizadas arias para sopranos de óperas como La  Traviata, La  Flauta MágicaCarmenToscaRomeo y Julieta, Madame  Butterfly, Lucia de Lamermoor, entre otras.
Su voz se constituye en apropiado instrumento de seducción cada aria su cuerpo vibra como vibran los cuerpos de los espectadores, permeables  al flujo sonoro que los alcanza y envuelve. Como cantante, Díaz Benavente, domina todos los timbres asociados a la entonación según busca aumentar la distancia psíquica con el interlocutor, o propone confidencia, intimidad; o su voz concentra toda la fuerza física o revela la actitud reflexiva. Su timbre funciona como lo propone  Malcolm de Chazal,  como gesto voluntario y arquitectura[3]. Trabaja cuidadosamente el material musical y lo que se da a ver organizando equilibradamente la energía que proviene del dispositivo sonoro  y del interior del gesto.
Si bien nadie duda de que el espectáculo lírico está situado en una encrucijada de géneros diversos, tanto la autora como el director asumen riesgos al proponer una posible síntesis de lo popular y lo culto: aria y música de bailanta, ópera y café chantant. El  “Ave María” puede ser cantada al ritmo de cumbia. El elemento trágico de las partituras puede convivir con los gags físicos y verbales.
La autora declara en su comunicado  de prensa[4]
“No es más ni menos que una visión personal que tengo del rol del cantante de ópera donde, en un comienzo, una buena voz y posibilidades vocales pueden ser un gran puntapié pero luego se convierten en una condena si uno no sabe buscar su propio lenguaje como artista  La pregunta que intento formular es dónde está el límite entre un intérprete obediente y un artista con discurso propio”

Lo autorreferencial atraviesa todo el espectáculo: la falta de lógica de los libretos, la necesidad  de ser capaz de permanecer dentro del  personaje y poder  salir de él a partir de una ejecución crítica, parodia del “belcantismo”, ironías  sobre los tics  y debilidades de las divas, los alcances del virtuosismo. A  pesar de este desmontaje del mito la “insolencia” de esta obra  la perfección de su ejecución (una expresividad que domina la dirección del sonido, el encadenamiento de los sonidos,  la graduación  de la intensidad, el manejo del tempo y el ritmo) acaba reforzando decididamente el género operístico y la belleza de la música. También tiene cabida lo autobiográfico y confesional material de los sucesivos monólogos en el que analiza su relación con las exigencias del género, su conflictiva vida como mujer (de la infancia a la madurez), sus miedos o inseguridades como artista, los fracasos sentimentales. 
Jaime Kogan, quien dirigió piezas de teatro y óperas solía repetir en sus cursos “La ópera y el teatro se espían mutuamente”. La malcriada no hace sino confirmar esta opinión. Las arias teatralizan la voz, y la voz conduce de lo imaginario a lo simbólico, hace posible que lo visto se transforme en entendido y que el sonido  devenga imagen[5]. Los objetos narran: en lugar del teléfono blanco de las divas, un teléfono rojo en el que se anuncia un amor no correspondido;  la silla- escalera, el pájaro disecado revelador del artificio y la vieja valija que guarda los objetos de la actriz, remite a un género cercano al viejo varieté estructurado en secuencias unitarias que satirizaban mistificaciones y tabúes; la muñeca, como objeto mágico e inquietante, deja de verse como objeto manipulado y se impregna de todo lo que le pasa  al cuerpo de la actriz.
En este punto, hay que reconocer el talento del director Rodrigo Cárdenas, que apunta a construir un espectáculo sustentado en el equilibrio interpretativo con  los elementos sonoros y gestuales, y el arriesgado juego de combinar sucesivamente, presentación y representación.




sábado, 10 de agosto de 2013

viernes, 28 de junio de 2013

LA MALCRIADA NOMINADA A LOS PREMIOS ACE 2012-2013

NOMINADA PREMIOS ACE MEJOR ESPECTÁCULO DE CAFE CONCERT

martes, 21 de mayo de 2013

lunes, 13 de mayo de 2013

CRITICA DE LA MALCRIADA Espectáculos de acá


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Opera insolente
En el Molière Teatro, Verónica Díaz Benavente presentó la última función teatral del espectáculo de su autoría “La Malcriada, ópera insolente”. Se trata de un concierto donde la actriz y cantante interpreta las conocidas óperas como “La Flauta Mágica” de Mozart, “La Traviata” de Verdi, “Carmen” de Bizet, “Tosca” y “Madame Butterfly” de Puccini, entre otras.
El personaje que encarna es el de una cantante soprano venida a menos en su fama. Sin embargo, a pesar de su situación de crisis, la Diva no deja de ser consentida, caprichosa y descortés. La acompaña en escena su pianista, Damián Roger, quién también expresa su talento musical.
Pero no se trata solamente de un concierto de música culta, sino que es un espectáculo de humor dramático con un estilo muy personal que nos habla de nosotros mismos, de nuestra vida, nuestros fracasos, los vínculos familiares, los miedos y la relación de pareja.
La dirección está a cargo de Rodrigo Cárdenas quién además supo utilizar buenos y efectivos recursos escenográficos, de utilería, vestuario, maquillaje e iluminación. En un escenario casi despojado con las voces en off de Jorge Luis Rabuffetti, Valentina Díaz, Paula Casabona y la suya propia, Cárdenas logra sumar y combinar en el desarrollo histriónico que Díaz Benavente propone una gran dosis de sensibilidad, energía y talento.
El público no sólo disfrutará de la ductilidad y la voz fresca y afinada de la artista y de la multiplicidad de su repertorio que incluye hasta zarzuelas, sino también de su relato que nos sumerge en los episodios al que se expone una niña para llegar a brillar en el mundo del canto lírico que exige al menos esfuerzo, estudio y dedicación.
Lo que sigue será un disfrute magistral casi sin interrupciones como su versión de “Summertime” de Gershwin y las demás arias interpretadas en los idiomas originales como el francés o en alemán. Lo más destacado de la propuesta reside en que es espectáculo está concebido con unidades teatrales, donde Díaz Benavente con su sólida formación imprime cuotas de humor en un ritmo justo que aproxima demasiado a lo perfecto.
Finalmente hay otra intención en este espectáculo que no pasa desapercibido y consiste en acercarnos a todos la ópera, colabora y profundiza con su evolución e innovación con humildad. “La Malcriada, Opera Insolente” continuará transmitiendo emociones todos los domingos a las 20hs. en el Teatro El Ópalo, Junín 380  y el 27 de abril en Osmecón Salud, Ayacucho 2350, San Martín.
Gacetilla:

viernes, 3 de mayo de 2013

CRÍTICA DE TENERTE AL TANTO... UNA DIVA MALCRIADA O UNA OPERA INSOLENTE






“La Malcriada” es una famosa cantante de ópera enamorada de su virtuosismo
que teme al ocaso de su fama.
“La Malcriada” es obsesiva y bastante tirana con su músico, aparentemente
 el único que ha sobrevivido a sus caprichos y maldades.
“La Malcriada” puede deleitar, y lo sabe, tanto con las más bellas
 y complicadas arias de la ópera como con algunas partituras populares.
Pero “La Malcriada” tiene enormes agujeros afectivos, una vida nada fácil
 y terror a la soledad.
Con desopilante humor, Verónica Díaz Benavente interpreta a
esta “malcriada” desafiando todos los mandatos de la ópera.
Deliciosamente acompañada por Damían Roger en el piano, y prolijamente
dirigida por Rodrigo Cárdenas, Díaz Benavente, dueña de una voz impecable,
una técnica sin fisuras y un histrionismo hilarante,
pasea al público por un océano de emociones y carcajadas.
“La Malcriada” es una excelente opción para pelearle a la
 melancolía de los atardeceres de domingo.

Ficha técnica
Título: La Malcriada (Opera Insolente)
Escrita e interpretada por: Verónica Diaz Benavente
Músico en escena: Damián Roger.
Dirección: Rodrigo Cardenas
Sala: El Opalo 

martes, 23 de abril de 2013

lunes, 22 de abril de 2013

CRITICA DE LA NACION SOBRE LA MALCRIADA




Para recordar a la entrañable Niní

Por Federico Irazábal  | Para LA NACION
La malcriada, ópera insolente /Dramaturga e intérprete: Verónica Díaz Benavente/ Escenografía: Babel Producciones/ Iluminación: Gastón Díaz/Vestuario: Ana Clara Uhrich/ Pianista: Damian RogerDIRECCION FENERAL RODRIGO CARDENAS / Sala: El Ópalo, Junín 380/ Funciones:domingos, a las 20/ Duración: 65 minutos.
Nuestra opinión: buena
Hubo alguien en la historia de nuestra cultura y de nuestras artes que supo como nadie mofarse de géneros artísticos y discursivos absolutamente convencionalizados. Y si bien las comparaciones son odiosas, esta vez se vuelve necesario hacerlo, ya que forma parte del placer que uno como espectador siente ante La malcriada . Una mujer sola en el escenario, estableciendo un diálogo imposible con un parten aire mortecino que la mira con cara de nada y una voz en audio que hace chistes a través de juegos de lenguaje. Si reconocieron en esta descripción a nuestra amada Niní Marshall están en lo cierto. Y la menciono porque Verónica Díaz Benavente, una soprano con dotes histriónicas increíbles, hace recordar a la creadora de Catita. En sus caras, en el uso de la máscara, en el modo de abordaje del humor.
No hay mucho para contar ni para decir del argumento, ya que es la parte más débil del espectáculo y hasta en un punto innecesario. Alcanza con saber que uno asistirá a una función parodiada y satirizada de un espectáculo operístico, en el que la soprano -acompañada de un pianista a cargo de un órgano electrónico irá recorriendo ciertas arias muy famosas - Carmen ,Madama Butterfly , entre muchísimas otras- al tiempo que desarrollará su performance. Al respecto hay que señalar la capacidad de juego de Díaz Benavente, ya que sin perder lo vocal logra hacer con su cuerpo algo que desestructura y desmonta a la soprano. Actriz y cantante lírica se conjugan en esta mujer de un modo muy singular, logrando su cima hacia el final del espectáculo en el que interpreta, según sus dichos, una selección de óperas francesas bajo la partitura musical de cumbia argentina, al tiempo que baila como si estuviera en un programa bailantero de sábado a la tarde.
Singular espectáculo para reírse desde que inicia hasta que termina, con una actriz y cantante que descuella en cada escena..

domingo, 21 de abril de 2013

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martes, 16 de abril de 2013

vete de mi

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martes, 9 de abril de 2013

PAGINA 12 9 de abril 2013


espectaculos
MARTES, 9 DE ABRIL DE 2013
TEATRO › VERONICA DIAZ BENAVENTE PRESENTA SU NUEVO ESPECTACULO LA MALCRIADA (OPERA INSOLENTE)








“El humor ilumina las zonas oscuras”

En este espectáculo que cruza música con carcajadas, la actriz y cantante lírica interpreta a una soprano con aires de diva, déspota, caprichosa y muy solitaria, dispuesta a dar un concierto junto a un pianista sobre el que descarga todas sus frustraciones.
 Por Carolina Prieto
Una mujer de negro asoma en un escenario oscuro. A medida que empieza a entonar un aria y clava los agudos, se encienden las lucecitas típicas de los árboles de Navidad que, en este caso, decoran su vestido. Más y más agudos y más lucecitas que parpadean al ritmo de la música hasta independizarse de ella y alocarse. En otro momento, la misma mujer se lanza a interpretar “La reina de la noche”, de La flauta mágica de Mozart, considerada el aria más exigente para una soprano con sus diabólicos Fa sobreagudos; y en cada Fa se arranca un mechón de pelo de su cabellera. Imágenes divertidas y delirantes que describen el tono de La malcriada (Opera insolente), nueva creación de la cantante lírica y actriz Verónica Díaz Benavente que puede verse los domingos a las 20.30 en El Opalo, Junín 380. No es la primera vez que la artista cruza música y humor. Antes lo hizo en Las tontas, un show a dúo con su colega y amiga Gimena Riestra, y luego en los unipersonales Oveja gris... no me dejaron ser negra y Mujeres que cantan. Siempre desplegando su virtuosismo vocal y un humor socarrón e irreverente que le permite mezclar géneros (de tangos y boleros a canciones españolas, zarzuelas y arias de ópera) y reírse de unos cuantos arquetipos.
En esta última creación, Díaz Benavente se concentra en el mundo de la ópera: la protagonista es una cantante con aires de diva, déspota, caprichosa y muy solitaria, dispuesta a dar un concierto junto a su pianista. Sus únicos interlocutores son el músico (sobre él descarga todas sus frustraciones) y una muñeca deformada que hará tanto de público como de su alter ego. Entre arias, monólogos e interacciones con el público, esta malcriada va tejiendo su mundo privado y revelando a pesar suyo sus zonas oscuras: la falta de compañía, la ausencia masculina, los temores, la exigencia, la intolerancia, los celos. Por un lado, ella exhibe una perfección vocal y técnica y, por otro, una vida afectiva que no alcanza el mismo virtuosismo, en un recorrido que pasea al espectador por distintas emociones: la risa desencajada, la compasión, la conmoción (cuando interpreta las arias de Madame Butterfly y de La flauta mágica), la aceptación, el hastío.
“Hace mucho tiempo que tengo ganas de hacer un espectáculo de humor enteramente dedicado a la ópera. Pero recién me atreví cuando me sentí muy segura a nivel musical. Me interesó abordar el tema del error, de la equivocación, del terror a equivocarse. Y llegué a este personaje que sostiene todo el tiempo una diva y, a pesar de ella, se le van viendo las hilachas porque ocurren cosas inesperadas”, comenta la intérprete en diálogo con Página/12. ¿Por qué tanto miedo al error? Según Díaz Benavente, la ópera es un género sumamente codificado, que encorseta al cantante al punto de no poder fallar en ningún momento, de tener que interpretar la partitura a la perfección. “El cantante está totalmente concentrado en la partitura, en las acrobacias vocales, en el aire, en la orquesta, en las dificultades del idioma, porque muchas veces cantás en ruso, alemán o francés... Todo se vuelve tan estresante que la interpretación queda para el final. Las coloraturas, las acrobacias vocales tienen una carga dramática que el intérprete tiene que conocer para que no resulte una pirotecnia al estilo Cirque du Soleil. Y muchas veces termina siendo eso: una pantomima”, desliza.
El director Rodrigo Cárdenas la acompaña en este trabajo. Y como él no viene del mundo de la lírica, logró que la actriz no diera por sentadas muchas cosas que para ella eran obvias, y que podrían dejar afuera a los espectadores no habituados al género. Así es como entre magníficas arias de La Traviata, Carmen y La flauta mágica, la protagonista exhibe una voz prodigiosa y va sacando sus trapitos al sol. Si en la interpretación vocal se muestra excelsa, su intimidad refleja unos cuantos claroscuros. “Cuando te subís a cantar esas óperas, esas arias, tenés que tener una fortaleza interna de venderle al público que vos estás ahí y sos una diosa griega, una esfinge. Son obras muy difíciles de cantar y tenés que creértela porque si dudás, cagaste”, agrega. Una perfección, una ausencia de fisuras que se opone a la naturaleza humana. Y da un ejemplo: “Maria Callas expresó esa contradicción; era la perfección cantando y, por otro lado, se hundió por un amor no correspondido. Era una mujer que había pasado por cosas muy terribles, incluida la Segunda Guerra Mundial, y que se derrumbó cuando Onassis la deja por Jackie Kennedy”.
En este caso, basta ver cómo el personaje trata a su pianista para entender algo de su soledad. Lo anula, lo ningunea, descubre sus intimidades: “Es como una especie de Mirtha Legrand inimputable, que dice lo que se le pasa por la cabeza. ¿Quién se la puede bancar?”, se pregunta Díaz Benavente. Pero su soledad tal vez se inició antes, en su infancia, con unos padres que la dejaron bastante sola en medio de la música. Y si a esta soledad reinante, la malcriada le suma una serie de temores cotidianos que van desde la calle y el colectivo hasta las bacterias y los virus del aire, suena lógico que su mundo se limite a la escena, donde intenta borrar todas las cosas que podrían ensuciar su genialidad. Pero fracasa. “Siento que en este espectáculo puse mucho de mí, que el personaje tiene muchas cosas mías –confiesa–. Ella quiere tener un megaespectáculo y se le va cayendo todo. Tal vez yo también sea un poco así: actúo, canto, me ocupo de mi hija, de mis alumnos, de mi casa, me pregunto si estaré criando bien a mi niña... Además, en una época tenía unos miedos tremendos en el escenario, hasta me desmayé del miedo a equivocarme, sentí pánico.”
Fueron años en que el temor desmedido le impedía florecer como artista. Hasta que se topó con un músico que daba un curso sobre el temor escénico. “El aseguraba que lo peor para un artista es desdoblarse: una parte interpreta algo (una canción, una obra de teatro), y la otra la mira desde afuera y la juzga. Toda la concentración tiene que estar puesta en la interpretación. Lo peor que podés hacer en ese momento es criticarte”, advierte. Desde su mirada, el cantante prepara en forma rigurosa la parte técnica de la interpretación, mientras que la parte emocional que entra en juego al subirse a un escenario, queda totalmente descuidada. Así fue como Díaz Benavente emprendió un camino personal: tomando conciencia de sus emociones y trabajando con ellas hasta bajar la presión y la autoexigencia. En ese momento comenzó a dar forma a sus propios espectáculos, combinando humor, teatro y canto. “La cosa cambió desde 2005 con Las tontas, la primera vez que abordé la música desde el humor. Ahí los miedos disminuyeron. Y hoy puedo sentir nervios antes de cantar una ópera, pero no más que eso. También aprendí que el público te perdona mucho más que lo que uno se perdona a sí mismo”, comenta esta mujer  criada en un ambiente teatral.
Su tatarabuelo fue uno de los precursores del circo criollo, su tía abuela era la actriz cómica Margarita Padín, su abuela la llevaba siempre al teatro, su tío fue el reconocido escenógrafo Saulo Benavente, y hasta el hermano de Cátulo Castillo integró su núcleo familiar. Con todo este bagaje a cuestas, Verónica intentó de todas formas la vía académica. Empezó a cursar Letras y le iba muy bien, pero sufría. Y decidió darle cauce a lo que mamó desde chica. Del coro del colegio pasó a estudiar canto lírico con Marisa Albano, Susana Cardonnet y César Tello, y a formarse como actriz junto a Juan Carlos Gené, Verónica Oddó, Raquel Sokolovicz y Martín Salazar. Empezó como vestuarista y escenógrafa hasta que Leonor Manso la escuchó cantar y la sumó al espectáculo La diosa. Al poco tiempo, la directora la volvió a convocar para una obra en el San Martín junto a Ingrid Pellicori y Juana Hidalgo. Sin darse cuenta, se fue metiendo en más proyectos teatrales. Pero donde mejor la pasa y da rienda suelta a sus delirios es en sus propias creaciones. Como en La malcriada, donde termina sola, sin pianista, y sigue adelante, cantando ópera sobre bases de cumbia. “El humor ayuda a que no te tomes las cosas tan en serio, a pasar de un estado a otro sin instalarte en una emoción en particular. Todos tenemos zonas oscuras, y creo que el arte y el humor ayudan a iluminarlas”, concluye la creadora.
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martes, 2 de abril de 2013

TIEMPO ARGENTINO NOTA


“Los artistas no tenemos que 

ser infalibles, pero sí verdaderos”

Esta cantante soprano y actriz estrenará la semana que viene su espectáculo La malcriada, que define como "una ópera insolente, un unipersonal teatral, musical y humorístico". Su visión sobre el mundo del canto lírico.
Había dos opciones: vivir oprimida por las exigencias propias del universo lírico o reírse de todo eso. Verónica Díaz Benavente supo recurrir al humor. “La malcriada es un espectáculo que reflexiona acerca del error como el fantasma más temido de los músicos”, define sobre su ópera insolente, un unipersonal teatral,  musical y además humorístico.
Por su historial como soprano, Díaz Benavente descubrió que la imposición del "deber ser" coarta muchas veces el proceso de creación y dispara sentimientos que opacan al artista. "El cantante de ópera tiene esa complicación que se presenta al tener que estar muy ceñido a la partitura. Esas exigencias musicales y vocales lo llevan a dejar en último lugar el personaje que está interpretado y a veces se termina sufriendo en busca de la perfección, entonces te convertís en un intérprete correcto más que en un artista que dice cosas."
La ironía fue el antídoto para no terminar "presos del miedo a la equivocación", que según sostiene Díaz Benavente produce artistas desprovistos de interpretación. "Hoy se valoriza mucho la perfección sobre el escenario. Para un director de orquesta es mucho más fácil tener un cantante correcto que sabe que no le complica la existencia musicalmente, entonces los cantantes muy exquisitos musicalmente corren con esa ventaja, pero como espectadora me pasa que veo que hay muchos cantantes que son muy correctos pero que no expresan lo que ellos piensan del personaje que interpretan y terminan siendo una pantomima teatral. Los veo a veces vacíos de interpretación y no quiero que me pase." 
La mejor manera de evitarlo fue volcar todo esto sobre el escenario. “La malcriada muestra la vida de una cantante de ópera a la que en el medio de su espectáculo le empiezan a pasar cosas impensadas, falla el pianista, falla la técnica o falla ella, se le empiezan a ver las hilachas del ser humano que hay detrás de ese artista. Habla del arte y la búsqueda de la perfección y habla de que en realidad todos los artistas llevamos un ser falible adentro con vulnerabilidades, miedos, fracasos, amores y desamores. Los artistas no tenemos por qué ser infalibles. Lo que tenemos es la obligación de ser verdaderos. El humor lo que tiene es que exorciza los miedos. Puedo hacer humor con la ópera porque conozco el género y lo interpreto. No soy de esas personas que se suben a hacer humor porque no pueden con el género." 
Opuesta al status de que en escena "el artista de ópera aparezca como un semidios", la cantante y actriz concluye: "la opera no es un género de culto, se convirtió en eso porque la quisieron mostrar como de élite, de gente que luego va a la rural, pero no es eso, de hecho Verdi fue una figura muy popular. La ópera es un genero popular que se mal entendió, quizás porque no supo adoptarse a los tiempos."  «

lunes, 25 de marzo de 2013

LA MALCRIADA SE PRESENTARA EN EL OPALO



“La Malcriada, ópera insolente


“La "ópera" es la caricatura de un espectáculo magnifico, cuya idea bosqueja”

                            La Bruyère




Una noche distinta, liberada, atrevida. Un espectáculo interpretado porVerónica Díaz Benavente, quien desnaturaliza la idea original de que la ópera, solo, forma parte de la tradición de la música clásica europea.

El “sentido común” está arraigado según los mandatos de nuestros antepasados, quienes ejercen indirectamente una influencia inconciente sobre las costumbres y los pensamientos. A partir, del quiebre de una obviedad impuesta, es el nacimiento de un nuevo paradigma, el “desnaturalizar lo obvio” abre el horizonte para pensar otros matices posibles.
Esto es lo que muestra el unipersonal humorístico y musical “La Malcriada, Ópera Insolente”, porque logra producir esa ruptura necesaria para presentarnos una unión pocas veces vista, como es el género operístico acompañado por un humor sarcástico y perspicaz, a la vez.

La actriz, cantante, docente y autora de ésta pieza, Verónica DíazBenavente, despliega ampliamente sus dotes musicales y actorales, logrando despertar continuas sonrisas, ya que todos, quedamos atrapados ante la seriedad de la canción lírica chocándose con  escenas clawnescas y populares.
Aprovechando ésta dualidad, su personaje Idelva del Mar, saca a la luz sus miedos, sus dolores, sus equívocos y sus recuerdos, en un contexto alejado de la normalidad pero cercano a la realidad del ser humano.

Se destaca la increíble voz de La Benavente, sus disímiles tonos musicales y su apasionada interpretación demuestran que es una excelente profesional de la canción lírica. Por supuesto, que Damián Roger, su músico en acción, sobresale a la par, por su talento y su compromiso artístico. 
El director, el actor y dramaturgo, Rodrigo Cárdenas, muy acertadamente, acompaña y apuesta a ésta originalidad teatral. 
Todo el equipo técnico, realiza una gran labor para que ésta puesta en escena brille en creatividad.

                                                    Estela Gómez
                                                     
 Teatro Moliere, Balcarce 682

Ficha técnico artístico

Autoría: LA BENAVENTE
Intérpretes: LA BENAVENTE
Músicos: Damián Roger
Voz en Off: Rodrigo Cárdenas, Paula Casabona, Valentina Díaz, Jorge Luis Rabuffetti
Vestuario: Ana Clara Uhrich
Escenografía: Babel Producciones
Iluminación: Gastón Díaz Berrios
Realización de muñecos: Verónica Grau
Fotografía: Fernando Niemevz
Diseño gráfico: Mery Vanborder
Asistencia de dirección: Fernando Gaba Theuler
Prensa: Silvina Pizarro
Dirección: Rodrigo Cárdenas

SALA EL ÓPALO: Junín 380 Capital Federal.
Entrada: $ 70,00 - Domingo - 20:00 hs - Desde el 07/04/2013

lunes, 18 de marzo de 2013

Las "Mal-" en escena
Por Estela Telerman.
Una ópera compuesta en 1935 por Manuel Penella (1880-1939) sobre la obra teatral de Jacinto Benavente (1866-1954) llevó el título de “La Malquerida”. “La Maldolida” fue una graciosa operita creada en 1987 por nuestra compositora Irma Urteaga. El humor musical no exento de profundidad psicológica se enriquece con el unipersonal “La Malcriada – Opera insolente ”, de la autora y cantante Verónica Díaz Benavente (¿será descendiente del dramaturgo español?). El espectáculo se está presentando en la ciudad de Buenos Aires los viernes 8, 15 y 22 de marzo a las 20.30 hs., en la simpática y acogedora sala del Teatro Molière, en Balcarce 682.

Además de profundos conocimientos musicales, virtuosismo artístico, ingenio y creatividad, los espectáculos de música-humor son un género de larga data, con destacados exponentes como los multitudinarios festivales londinenses de Gerard Hoffnung (1925-1959) y las obras del ficticio compositor P.D.K. Bach “descubiertas” por el norteamericano Peter Shickele (1935). En nuestro medio, el máximo exponente local es el conjunto Les Luthiers originado en I Musicisti): Pero el género tiene sólidos antecedentes en los espectáculos que presentaban allá lejos en el tiempo la soprano Ana María Osorio, el barítono Eduardo Cogorno, el violista Tomás Tichauer y la pianista Mónica Cosachov en el recordado Café Mozart.
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Florence Foster Jenkins (1868-1944) fue una excéntrica soprano estadounidense que se hizo famosa por su completa falta de habilidad musical. Su tragicómica historia inspiró diversas obras teatrales a ‘Viva la diva’ (2001) de Chris Ballance (1951),”Glorious” (2005) de Peter Quilter y “Souvenir”(20015) de Stephen Temperley (1949), magistralmente interpretada en Buenos Aires por la talentosísima Karina K con el bailarín, coreógrafo, músico y guionista de cine Pablo Rottemberg al piano.

Dentro de esta línea del unipersonal de la cantante acompañada de un pianista se inscribe ” La Malcriada – Opera insolente ” en que Verónica Díaz Benavente se atreve con una caricatura de los avatares de una cantante lírica a través de una selección de las más famosas arias del repertorio lírico universal. De ello sale más que airosa. Cuenta para ello con el apoyo de Damián Roger, que aporta su experiencia como pianista acompañante en las cátedras de canto del IUNA y en el Instituto Superior del Teatro Colón. Todo ello, bajo la batuta del multifacético dramaturgo, autor y director Rodrigo Cárdenas.

A partir del 7 de abril, el espectáculo continuará los domingos, a las 20 hs., en El Ópalo, Junín 380, CABA.

critica de la malcriada POR ALFRED HOPKINS


"La Malcriada," espectáculo insólito de canto y teatro de Verónica Díaz Benavente

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Ya no se escucha el chasquido de los vasos en el teatro concert Moliére, los espectadores han apagado sus teléfonos y se acomodan en sus sillas. En el escenario el pianista toca una pieza ligera, bañado en luz azul. Una voz en off anticipa al espectador que algo insólito espera detrás de las bambalinas. Aparece Verónica Díaz Benavente, en toda su gloria y de un humor insolente: canta con su enorme y bella voz, insertada en un vestido iluminado con luces de navidad.
“La Malcriada, Opera Insolente,” espectáculo escrito y protagonizado por Verónica Díaz Benavente, peregrina, humor mordaz mediante y con teatralizaciones intermitentes el mundo lírico de la cantante, desafiando con su cuerpo activo y expresivo el estereotipo duro de los cantantes operísticos. Trabaja las más reconocidas arias de ópera desde Tosca, Traviata, Flauta Mágica, Opera Francesa, Carmen hasta Madam Butterfly, interponiendo en algunas un toque de cumbia.
La protagonista se llama Idelva del Mar. Prepara un concierto para un público poco acostumbrado a su estilo y mientras va de aria en aria ocurren cosas no esperadas, los errores o rabias que pueden suceder a cualquier ser humano. Se corta, grita, se dirige furiosa al pianista exquisito Damian Roger, se interrumpe para hacer un comentario propio, desaparece detrás de las bambalinas…En medio de su desquicio con el pianista, con el iluminador van apareciendo lucecitas de su infancia, sus equivocaciones, sus desventuras, sus secretos, los hombres, todo para salir del corseé común del cantante lírico. Su amplia experiencia en teatro hace posible entrar y salir entre una situación y otra con gran soltura.
Sorprende con su frescura insólita y audaz, deslumbra con el caudal impresionante de su voz y provoca diversión o piel de gallina en los espectadores.
verodiaz99gmail.com